Al principio eran las palabras. La sabiduría pasaba de boca a oreja, de oreja a boca, de generación en generación, en una tradición oral que duró muchos siglos, equivalente al 99% de toda la historia humana.
Luego aparecieron las primeras letras en tabletas de arcilla, en forma de pequeños triángulos, con ellas, los mercaderes recordaban las deudas pendientes. Después vinieron los egipcios con sus jeroglíficos, fijando nociones de medicina y astronomía, de religión y matemáticas. Se escribía sobre papiro y pergamino, luego sobre papel.
Los libros eran escasos, escasísimos, de la mayoría de textos, apenas existía un ejemplar. En Alejandría primero y luego en los monasterios, se sacaban copias a mano, una a una, página a página, agotador esfuerzo reservado a unos pocos iniciados en el arte de escribir. Los reyes y, sobre todo, los sacerdotes monopolizando el saber.
Johannes Gutenberg en el XV aparece la primera imprenta, la que hizo posible sacar mil ejemplares de un libro en menos tiempo del empleado por el copista deslizando sus pinceles sobre una página. Multiplicadas las letras, se multiplicaban los lectores. Renacía el pensamiento, se reformaba la imagen del mundo.
Después de los libros, vinieron los periódicos. Y la libertad de expresión, proclamada en la Revolución Francesa, el 24 de mayo de 1844, Samuel Morse, un pintor norteamericano, inventó el telégrafo.
Las letras se traducían en una clave de puntos y rayitas, con impulsos eléctricos cortos y largos, a razón de quince palabras por minuto, se podían despachar mensajes a través de delgados hilos de cobre casi a la misma velocidad que la luz.
En 1876, Alexander Graham Bell, físico escocés radicado en Estados Unidos logró que el teléfono transformara el sonido en señales eléctricas y lo enviara, valiéndose de micrófonos y auriculares, por un tendido de cables similar al del telégrafo.
En 1877, el norteamericano Thomas Alva Edison, experimentaba con un cilindro giratorio, recubierto de estaño, sobre el que vibraba una aguja, después de múltiples ensayos, consiguió escuchar una canción grabada por él mismo. Había nacido el fonógrafo
El sonido se había inmortalizado.
En 1907, Alexander Lee de Forest, norteamericano, descubre unas válvulas de electrodos hoy tubo de vacío, posteriormente reemplazado por el transistor, que cumple la misma función: Son amplificadores electrónicos que aumentan las señales de radio, tanto en la transmisión como en la recepción, transforman las modulaciones del sonido en señales eléctricas estas ondas, transmitidas de una antena a otra, podían ser reconvertidas nuevamente en vibraciones sonoras.
Nacía la radio, tal como la conocemos hoy: sin distancias ni tiempo, sin cables ni claves, sonido puro, energía irradiada en todas direcciones desde un punto de emisión y recibida desde cualquier otro punto, según la potencia de las válvulas amplificadoras.
La edad de oro radial fue en 1930 y 1940. Dos décadas críticas para la sociedad norteamericana. La "gran depresión" y la segunda guerra mundial fueron hechos que repercutieron en el destino de todo ciudadano, pero afectaron poco a la radio. Al final de la década de 1930 existía un promedio de poco más de un receptor por cada hogar en los Estados Unidos.
Este notable aumento se produjo a pesar de los diez años de depresión económica. La radio llenó las necesidades de millones de personas en crisis durante una época difícil. Proporcionaba música para reanimar sus espíritus caídos, cómicos que les divertían y noticias dramáticas que les distraían de sus problemas personales.
Durante la segunda guerra mundial, la industria de la radio puso todos sus recursos al servicio del Gobierno federal. Informativos sobre la guerra, propaganda doméstica, venta de bonos de guerra, etc., fueron desempeñados por la radio.
La fabricación de receptores quedó totalmente restringida durante la guerra. En los años de la posguerra, la radio enfrentó la competencia de la televisión.
Tan pronto como las familias pudieron pagarse su televisión, abandonaron la radio. Frente a la posibilidad de ser desechada, la radio se vio forzada a buscar nuevas necesidades públicas a satisfacer, que no fueran servidas con eficacia por la televisión. Consiguió encontrarlas, a principios de 1950, la radio había logrado capturar la atención de la familia norteamericana durante las horas nocturnas o fue desplazada de la sala de estar al dormitorio, la cocina, el automóvil y la playa.
La tecnología de la radio a transistores, con receptores de tamaño minúsculo, consiguió proteger a la radio del declive de posguerra, que había afligido a las salas cinematográficas a causa de la televisión. Actualmente, la radio goza de excelente salud.
La emisión a través de las nuevas frecuencias digitales (DAB), la difusión por fibra óptica y satélite, la recepción de alta fidelidad con equipos también digitalizados, hacen que la radio participe plenamente en la revolución de las nuevas tecnologías y en el universo multimediático.
Con un receptor pequeño, a pilas, se captan vía satélite docenas de canales con señales multimedia. La radio le cambió el libreto a la prensa. La televisión se lo cambió a la radio. Y hoy, la globalización de la cultura y la revolución tecnológica se lo ha cambiado a todos los medios de comunicación masivos. Los medios de comunicación sí legitiman, porque el público cree en lo que oye y ve a través de ellos.
Lo que sigue a continuiòn hace parte del seminario de prensa que se publica en http://www.lacoctelera.com/udistritalprensa2008.
21 Abril 2008


http://www.caracol.com.co/lahistoria/
Fecha: 04/20/2008 12:27:00
La Industria de la Comunicación de Masas, La Radio.
En la audición de hoy, nos deleitamos con la historia de la radio .
Algunos aportes interesantes sobre la vigencia del medio y el reto para su adecuación a la escuela, ahora que estamos en el boom de las emisoras escolares.
Como siempre el espacio de comentarios para dinamizar con nuestros aportes y reflexiones mientras llega el encuentro presencial del fin de semana.